En una refaccionaria la venta se define en el mostrador: el cliente llega con la pieza en la mano o con la placa del auto, y quiere precio y existencia de inmediato. Cuando el punto de venta no tiene el catálogo integrado, el vendedor busca en un sistema, cobra en otro y factura en un tercero; se captura dos veces lo mismo, se cobra mal una refacción y los datos fiscales se capturan a mano cada venta.
Detrás vienen los otros dos dolores: un inventario desactualizado que promete piezas que no hay, y la facturación que con CFDI 4.0 ya no perdona los errores de RFC, los complementos de pago olvidados ni los CFDI de egreso que nunca se timbran.